DE QUE HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE CONSUMO RESPONSABLE

DE QUE HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE CONSUMO RESPONSABLE

Según la Real Academia de la lengua española (RAE), se puede definir “ Consumo” como la acción y efecto de consumir (comestibles y otros géneros de vida efímera), gastar energía.

De modo que, partiendo de esa definición, observamos como el consumo está presente en todo lo que hacemos, no sólo cuando compramos, que es su acepción más utilizada. Cada vez que realizamos una acción cualquiera: ducharnos, cocinar, comer, ver la televisión, tirar la basura, desplazarnos (andando, bici, bus, coche,…),estudiar, trabajar,…, implicamos procesos de consumo que no sólo suponen un gasto de nuestra energía sino que la gran mayoría, necesitan de grandes procesos (transporte, manufacturas varias,…) y dependen de los recursos naturales: energía, agua, materias primas.

Actualmente vivimos en una sociedad de consumo, que no se preocupa especialmente por la procedencia de los artículos que compra ni por los daños medioambientales y sociales que se provocan en los países donde se extraen las materias primas y se fabrican dichos objetos. Con el fin de concienciar a la población de la problemática ambiental, social y económica que este modelo supone, desde hace años se viene teorizando en determinados círculos académicos, y en asociaciones/ ONG´s de carácter medio ambiental sobre la necesidad de tender hacia un Consumo Responsable y Consciente, y se han trabajado distintos enfoques desde los que poder ir haciendo un camino que vaya dirigido a potenciar la Sostenibilidad del planeta.

otro consumo

Pero ¿a qué nos referimos al hablar de Consumo Responsable?, ¿qué lleva implícito ese concepto y lo diferencia del consumo planteado por el modelo predominante?. La gran diferencia es que el Consumo Responsable se basa en la toma de conciencia de nuestras acciones, en que nos desarrollemos como seres con capacidad crítica, de modo que consigamos hacer significativas hasta nuestras acciones más insignificantes, tanto a nivel individual como colectivo. La razón es que todas ellas tienen consecuencias ambientales, sociales y económicas: deterioro ambiental, agotamiento de recursos y aumento de las desigualdades sociales. Decidir ser consumidores responsables nos convierte en los grandes protagonistas, ya que gracias a nuestra capacidad de elección seremos capaces de realzar nuestro poder colectivo como consumidores y transformar situaciones con nuestras elecciones (Participación Ciudadana). Como hemos dicho antes, vivimos en una sociedad de consumo, y nuestro sistema económico actual se basa en la búsqueda del crecimiento continuo y del máximo beneficio económico a corto plazo, por parte de las empresas. Cuando decidimos ejercer un consumo responsable potenciamos que lo importante sean las
personas (sus necesidades, sus relaciones,…,es decir, justicia social) y la conservación de la naturaleza.

El Consumo Responsable propone tender cada vez más hacia un consumo ético, crítico, solidario y ecológico, criterios que se interrelacionan constantemente. Entendiendo el consumo ético como el consumo que nos hace distinguir entre necesidades reales e impuestas y replantearnos nuestras prioridades y un menor despilfarro. El consumo crítico habla de tener unas bases para nuestras elecciones que no sólo se basen en marcas o en el precio sino en las formas de producción, los materiales empleados, las condiciones salariales de la empresa. Un consumo solidario que fomente la justicia social y la conservación de los recursos naturales, que sea capaz de exigir que las empresas funcionen dentro de unos parámetros socialmente aceptables y ecológicamente sostenibles. Y por último, un consumo ecológico que implica incorporar a nuestro estilo de vida “el largo plazo”, como forma natural de actuar, tomando conciencia.

otro mundo está en marchaEs decir, se trataría de pensar antes de actuar, de dejar a un lado la cultura de la superficialidad y sus valores consumistas, que alimentan la crisis socioeconómica y ambiental en la que estamos inmersos y de buscar nuevas formas de plantearnos nuestro papel de consumidores y consumidoras. ¿Cómo?. Revalorizando los objetos y las relaciones que nos rodean; reflexionando sobre los largos y costosos procesos que conllevan fabricar cualquiera de esos objetos, por ejemplo una simple bolsa de plástico; buscando la funcionalidad y no la marca o las modas; replanteándonos la lentitud y el largo plazo frente a los ritmos vertiginosos que hoy plantea la actividad comercial. Es decir, mirando hacia el futuro y ya lo estamos haciendo. En un tiempo bastante breve, como consecuencia del momento sociopolítico que estamos viviendo, cada vez más ciudadanos se organizan de nuevo como lo hacían sus madres y abuelas, creando redes sociales cercanas de apoyo mutuo, y aparecen formas nuevas, como los llamados Bancos de Tiempo. El trueque ha vuelto a formar parte de nuestra vida, y vemos como no hace falta pagar con dinero para poder satisfacer todas nuestras necesidades. La regla de las tres erres ( Reutilizar, Reducir el consumo y Reciclar), que parecía algo idealista en la sociedad de hace unos años, resurge con tanta fuerza hoy que incluso se amplía a una cuarta: Reparar, para conseguir de este modo que la vida útil de nuestros objetos se vea alargada; la sociedad reclama el fin de la Obsolescencia Programada y vuelve a la reparación de los objetos, a la reutilización y al reciclaje, cerrando ciclos de vida y disminuyendo la presión sobre la naturaleza y la generación de residuos.

Todas estas actuaciones parecen pequeñas pero en realidad pueden provocar grandes cambios en nuestra cotidianeidad más cercana, a corto plazo, y en la sociedad, a largo plazo. Se trata de acciones locales, cercanas, fáciles de asumir tanto a nivel individual como colectivo que nos orientan hacia el modelo de consumo que queremos, el Consumo Responsable.

Foto pancarta propiedad de ecoportal.com

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