Desmintiendo el mito de la competencia: es la cooperación la que hizo evolucionar al ser humano

Desmintiendo el mito de la competencia: es la cooperación la que hizo evolucionar al ser humano

 

Hace un siglo, empresarios como Andrew Carnegie utilizaron las teorías de Darwin para justificar una economía basada en la competitividad y la desigualdad. Su legado ideológico afirma que lo mejor para la humanidad es una economía de mercado con la riqueza concentrada en pocas manos. En realidad, esto era una perversión de las ideas de Darwin, quien en su libro El origen del hombre, publicado en 1871, afirma que la especie humana ha triunfado por basarse en compartir y tener compasión. “Las comunidades que tenían más miembros solidarios prosperaban al máximo, lo que se traducía en un mayor número de descendientes”. Por supuesto, Darwin no era un economista. Sin embargo, la cooperación y el reparto de la riqueza son más consistentes con sus observaciones sobre la supervivencia humana que el elitismo y la jerarquía que domina la vida económica contemporánea.

Para aportar una nueva perspectiva que rebate la tesis de la economía competitiva asentada desde hace 150 años, Michael Tomasello, psicólogo americano codirector del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, ha realizado un estudio que sintetiza tres décadas de investigación. En ella, desarrollar una teoría de la evolución de la cooperación humana.

Tomasello matiene que hay dos hechos claves que llevaron a la inédita organización de interdependencia entre los seres humanos:

    1. ¿Quien viene a cenar esta noche?: Cuando hace dos millones de años surge el Homo Sapiens en África se enfrenta a un periodo de enfriamiento global. Este cambio climático produjo vastas llanuras a las que el homo sapiens debía adaptarse para sobrevivir. Dado que carecían de aptitudes para realizar cacerías en espacios abiertos como sus competidores, los feroces carnívoros del inicio del Pleistoceno, la solución de nuestros antepasados fue convertirse en carroñeros. Análisis de fósiles que muestran evidencias de uso de herramientas de piedra en huesos que ya habían sido roidos por otros carnívoros prueban este hecho.Esta nueva manera de alimentarse trajo el desafío de tener que coordinarse, trabajar juntos y, sobre todo, aprender a compartir el botín. Para los homínidos que vivían en selvas, buscar fruta y frutos secos era una actividad individual. Pero en las llanuras, nuestros antepasados necesitaban viajar en grupos para sobrevivir y a la hora de carroñear un cadáver era imprescindible tolerarse unos a otros y aceptar compartir cantidades justas. Esto devino en una forma social que favorecía la cooperación: “Los individuos que intentaban acaparar la comida eran activamente rechazados por los demás”, afirma Tomasello, “y tal vez rehuídos en otros aspectos también”.Este legado evolutivo se puede reconocerse en nuestro comportamiento actual, particularmente entre niños aún jóvenes como para haber sido aleccionados en justicia y equidad. Por ejemplo, en un estudio de 2011 publicado en Nature, la antropóloga Katharina Hamann y sus colegas descubrieron que si un grupo de niños de tres años obtenía comida tras realizar una tarea colaborativa, la compartían de forma equitativa de forma espontánea, hecho que no sucedía si la conseguían por un esfuerzo individual o sin esfuerzo. Como contraste, los chimpances no muestran diferencias en su inclinación a compartir la comida según cómo la hayan obtenido. No dan valor a la cooperación. Las implicaciones de estos hechos, según Tomasello, son que la evolución humana nos ha predispuesto a trabajar colaborativamente y nos ha dado un instinto que nos dicta que la cooperación trae obligadamente el reparto equitativo de premios.

 

  1. ¿Qué forma de empresa y economía está más alineada con la evolución humana?: La inclinación a la cooperación humana permitió a los grupos crecer en número, crear agrupaciones de tamaños desconocidos en aquella época y eventualmente convertirse en sociedades tribales. Asimismo, desarrollaron aptitudes psicológicas para reconocer rapidamente a miembros de su propio grupo (comportamiento distintivo, tradiciones o formas de lenguaje) y desarrollar entre ellos una identidad cultural compartida en la persecución de un objetivo común. “El resultado fue una nueva clase de interdependencia y una inteligencia grupal que nos llevó desde la unión en una cooperación de pequeña escala hasta el nivel de una sociedad completa”, dice Tomasello.¿Qué significa esto para las diferentes formas de empresa actuales? Los centros de trabajo probablemente no están alineados con nuestras raíces evolutivas y por ello no resultan positivos para nuestro éxito a largo plazo como humanos. La cultura de empresa impone uniformidad y mando organizativo de arriba abajo. Como contraposición, existe la empresa cooperativa, el modelo financiero en el que los trabajadores son los dueños del negocio. Esta es una institución moderna que tiene mucho en común con la herencia colectiva tribal de nuestra especie. El hecho de que las cooperativas sean propiedad de los trabajadores redunda en el desarrollo de una identidad corporativa compartida entre todos los miembros. Esta identidad impulsa una mayor confianza y la colaboración sin la necesidad de un control centralizado.De hecho, la estructura de las empresas convencionales es una receta segura para la alienación del trabajador y su instatisfacción. Los humanos han evolucionado durante milenios su habilidad para formar colectivos de forma rapida e intuitiva, dado que la agrupación motiva a los miembros a la persecución de un objetivo común. Tomasello: “Una vez que han creado el objetivo, los humanos se comprometen con ello”.

    Las empresas requieren maximizar sus beneficios para los inversores, de modo que el objetivo de los empleados no es el bneficio de su propia comunidad sino el de una distante grupo de financieros que no tienen conexión personal con sus vidas o labor. Sin embargo, las cooperativas se enfocan a maximizar el valor para sus miembros, un objetivo mucho más consistente con nuestra herencia evolutiva.

    Como Darwin concluyó en El origen del hombre, “los instintos sociales más persistentes vencen a los menos persistentes”. A medida que las cooperativas ganen peso en todo el mundo, podemos assistir a la caida de la ley de competencia de Carnegie y el retorno a los entornos colaborativos a los que las especies humanas han llamado siempre hogar.

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Artículo original: Survival of the … Nicest? Check Out the Other Theory of Evolution, Yes!