Fin del Mundo, fin de una era

Tienen razón los mayas al afirmar que el próximo 21 de Diciembre se producirá el fin del mundo, quizás sería más acertado hablar del fin de una era, la del capitalismo. O del Capitalismo versus Comunismo, porque ha llegado el tiempo de olvidar teorías antiguas y centrarnos en desarrollar el nuevo modelo.

¿Y que mejor modelo que el del cooperativismo, el modelo de la economía del bien común? Un modelo en el que se premien las conductas enfocadas al desarrollo de la sociedad y sus individuos y castigue las conductas egoístas centradas en las ganancias económicas.

Todo esto que suena a inalcanzable no lo es en absoluto, sólo es necesario pensar bien donde se compra, a quien se le compra o a quien se contrata. A esto se le llama Comercio Responsable. Si el dinero mueve al mundo, ¿por qué no utilizarlo como herramienta de transformación social?

Esto es justamente lo que pretendemos en LTQC, pues ¿no es el dinero una herramienta cualquiera? En realidad no se trata tanto de donde colocar el dinero sino de a quien le compras los productos que necesitas y con quien contratas los servicios que te hacen falta.

Nosotros, como primer paso, apostamos por tres vías de acción principales que se basan en responder a tres preguntas que debemos hacernos antes de comprar un producto:

  1. ¿A quién le estoy comprando?
  2. ¿Dónde se ha producido lo que estoy comprando?
  3. ¿Cómo se ha producido lo que estoy comprando?

¿Simple verdad? Respondiendo a esto estaremos siendo responsables en la dirección del mundo. Seremos personas conscientes de nuestra realidad y de como afectan nuestras relaciones, porque al sistema actual sólo le interesamos como consumidores, pero ¿acaso no somos mas que eso? A esto se le llama Consumo Responsable

Según LTQC el consumo responsable es el acto de compra consciente y meditado que conlleva la interrelación entre dos personas o entidades que no sólo intercambian un bien por dinero sino que responsablemente colaboran del desarrollo sostenible de su comunidad y por extensión del planeta.

Respondiendo a ¿A quién le estoy comprando? podremos cuestionarnos si es lo mismo comprarle a una cadena de distribución tipo Carrefour, Mercadona o Hipercor, cuyas acciones están repartidas en pocas manos y que aplican políticas basadas en la maximización de los beneficios o, por el contrario, comprarle al supermercado de tu barrio o al puesto del mercado de tu ciudad.

Siempre aducimos cuestiones económicas a este respecto, es que mi sueldo no me llega para comprarle a mi vecina, etc. Nada más lejos de la realidad. Existen cooperativas como Covirán, que están basadas en la asociación para conseguir precios competitivos.Tómate la molestia de comparar , compara también los precios de los mercados de abastos, te sorprenderás.

Podemos seguir cuestionándonos el por qué no nos llega, o por qué creemos que no nos llega el dinero. ¿No será provocado por nuestra propia decisión de comprar a costes de explotación? ¿No le estamos diciendo al dueño de Carrefour “Yo me conformo con 900 euros de sueldo”?

Este tema da para mucho pero lo que cualquiera de nosotros puede deducir es que si compramos un kilo de manzanas por 1 euro a un supermercado que ha pagado 15 céntimos al productor por ellas–por debajo del coste de producción o como mucho todo lo ajustado posible para que siga malviviendo–, lo que estamos provocando a largo plazo es nuestra propia ruina.

Respondiendo a ¿Dónde se ha producido lo que estoy comprando? tenemos también varias reflexiones que plantearnos. Podemos elegir entre comprar algo producido en un país como China, donde no se sabe muy bien si se han respetado los derechos humanos o si se usan normas de calidad adecuadas por citar un par de cosas, o comprar algo producido lo mas cerca posible de nuestra casa con lo que aseguraremos al 100%, no lo dudes ni un momento, el trabajo y la riqueza en nuestra zona.

Fuente imágenes (consulte propietarios para su uso): pequesymas.com

Por último, respondiendo a ¿Cómo se ha producido lo que estoy comprando? me estoy asegurando de que los procesos y los métodos utilizados en la producción de los productos que elijo adquirir son respetuosos con los aspectos tan importantes para todos como los derechos humanos  o el medio ambiente.  El respeto al medio ambiente  asegurando el desarrollo sostenible y la salud de todos nosotros, no nos olvidemos de  que salvar el medio ambiente no es tan solo  salvar al oso panda sino que es preservar el medio del que nos alimentamos y en el que respiramos y por tanto, es preservar nuestra salud.

Si nos cuestionamos estas cosas estaremos provocando el cambio real del sistema, lo cual redundará en nuestro bienestar presente y futuro, en la prosperidad real.

No seria una locura pensar que las grandes corporaciones que controlan la economía mundial y por ende el mundo en si mismo, cambiarían su rumbo en cuanto que sus ventas empezasen a descender. No hace falta esperar que bajen las ventas de una empresa un 30 % o un 40% para que ocurra una verdadera revolución en sus senos, basta con un escaso 10% para que ocurra un verdadero desastre en cualquier compañía de orden mundial.

Esto nos da la esperanza del cambio  con la concienciación de unos pocos habitantes del primer mundo.  Se pueden conseguir grandes cosas y todo ello sin grandes sacrificios, al revés, aumentando nuestra calidad de vida y mejorando a la vez nuestro entorno.

¿Se os ocurre algún motivo para no actuar?

El fin de mundo no está aquí, lo que ha llegado es el comienzo de una era.

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