La Universidad Slow Food , blog 3500 millones

La Universidad Slow Food , blog 3500 millones

Destacamos este artículo de  Gonzalo Fanjul del genial blog 3500 millones, La universidad Slow Food:

Cuando recibí la invitación de la Universidad del Estudio de las Ciencias Gastronómicas de Italia (UNISG) supe que mi carrera había tocado techo. A menos que se tratase de un nuevo bromazo de mis amigos (gente sin escrúpulos), me encontraba ante la oportunidad con la que los de mi tribu solo sueña: una semana en el verano del norte de Italia, en una institución dedicada al estudio de los alimentos y en la que me pedían las preferencias del menú por adelantado. Todavía se me quiebra la voz al recordarlo…

Pues bien, sufridos lectores: cuando terminé de leer el correo, el asunto resultó cien veces más interesante. La universidad en cuestión es la sede intelectual del Movimiento Slow Food, del que ya hemos hablado en @3500M. Fundado a finales de los 80 por el italiano Carlo Petrini, un personaje fascinante, Slow Food es un movimiento internacional que vincula el aprecio por los buenos alimentos y los espacios para consumirlos, con el compromiso del ciudadano con un sistema alimentario más justo, sostenible e inteligente: proteger la biodiversidad, educar el gusto y el aprecio por los productos locales y promover redes de productores, cocineros y consumidores son solo algunas de las actividades de sus 1.500 capítulos locales, en los que participan más de 100.000 miembros.

La UNISG es una de las joyas de este entramado. Con el apoyo de instituciones públicas y privadas, esta universidad ha establecido una serie de programas de grado y postgrado que permiten a los estudiantes zambullirse en la lógica de Slow Food a través de la historia, el arte, el desarrollo sensorial, las técnicas de producción, o el marketing y la gestión de un negocio. La universidad se apoya en un entramado de hotel, bodega, huertas y restaurante que replican en la práctica el espíritu de este movimiento social.

Frente a la idea de la buena comida como un predio de sibaritas, Slow Food defiende que la calidad de vida puede ser ética y sostenible. Esta misma lógica está inspirando en todo el mundo un movimiento ciudadano de consumo y producción responsable que solo en EEUU se traduce en 12.000 mercados locales y que llega a los países más pobres del planeta. Aquí he conocido, por ejemplo, a John Wanyu, un agricultor ugandés de 21 años que ha sido becado (como el 15% de los estudiantes de la UNISG) para desarrollar el proyecto de huertos orgánicos que concibió hace unos años y que le permitió alimentar a sus 1.200 compañeros de la escuela secundaria. Cuando describe sus planes para el futuro, entiendes el entusiasmo que desprenden estas aulas: “Quiero actuar de forma ejemplar para demostrar en Uganda que este modelo es posible”.

John
John Wanyu.

Los estudiantes de mi curso –Justicia alimentaria– tienen otro perfil. Aunque el grupo incluye a hosteleros, cocineros y sommeliers, la mayor parte son comunicadores especializados en el mundo de los alimentos. Con ellos hemos estudiado las profundas distorsiones e inequidades del sistema alimentario global y hemos explorado el papel que cada uno puede jugar a la hora de resolverlas. Les aseguro que el aprendizaje ha sido mutuo. Cada vez estoy más convencido de las oportunidades que ofrece el compromiso personal y social de consumidores, productores y cocineros en esta batalla. El trabajo que está haciendo Gastón Acurio en Perú es solo un ejemplo de ello.

Si no lo han hecho ya, échenle un vistazo a la web de Slow Food en España o en el país en el que residan. Merece la pena vincularse a ellos. Y, aunque ya sé que no está la crisis para muchos bollos, tal vez alguno de los muchos jóvenes españoles que se interesan por el mundo de la gastronomía y la alimentación se anime a completar sus estudios en la UNISG. Merece la pena.

 

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