Monedas complementarias, una herramienta de la transicion económica

Como lo subraya Bernard Lietaer, las monedas nacionales y los sistemas monetarios convencionales que estamos utilizando son, por definición, generadores de competencia y basados en el principio de una escasez mantenida en forma artificial. Sin embargo la manera de crear y gestionar la moneda en una sociedad dada influye profundamente en los valores y relaciones humanas de esta última. Frente a las crisis recurrentes financieras pero también medioambientales, climáticas y energéticas, se puede asistir desde cerca de 30 años al surgimiento de monedas llamadas « alternativas », « sociales », « solidarias », « locales », « afectadas », « complementarias » o « plurales » que proponen modos de creación y de gestión alternativos.

Estas monedas, creadas a raíz de una reflexión acerca de la naturaleza y la importancia del dinero y de los comportamientos que induce, son el resultado de iniciativas ciudadanas. Según sus distintos dispositivos, pueden apuntar a :

  • inducir comportamientos más cooperativos y solidarios ;
  • reinforzar el vínculo social y la cohesión comunitaria ;
  • favorecer el intercambio de productos y servicios con fuerte valor ecológico y social ;
  • rectificar las reglas del intercambio mercantil ;
  • dinamizar los intercambios locales y el desarrollo local sustentable ;
  • volver a valorizar las competencias no reconocidas por el sistema mercantil ;
  • dar las condiciones para una reinsercion por el trabajo ;
  • liberar el dinero de sus tendencias especulativas ;
  • volver a dar un control ciudadano y democrático sobre la unidad de intercambio, de cuentas y de ahorro.

Especialistas, como Jérôme Blanc o Bernard Lietaer, consideran que « existía, en medio de la década del 2000, entre medio millón y un millón de adherentes a sistemas de monedas sociales, repartidos en mas de tres mil asociaciones, situadas en unos 40 países, por la mayor parte en Occidente, en América Latina y en Japón ». A menudo, vinculados y beneficiándose de la experiencia de otras iniciativas en el resto del mundo por el uso de redes sociales y del internet, han evolucionado hacia una racionalización y una experimentación más sistematizada.

En su mayoría todavia marginales, estas innovaciones sociales por excelencia, estas « utopías concretas » son para algunos instrumentos de transición, en su capacidad de vincular inicativas de transición ya presentes, como por ejemplos los Transition Towns (Ciudades en Transición), entre las que algunas poseen su propia moneda. Estas permiten vincular iniciativas sociales, ecológicas y solidarias que sin ello terminan por tropezar sobre la ausencia de una herramienta adecuada de intercambio y evaluación. La moneda se vuelve a transformar asi en una palanca para la redinamización de nuevas actividades locales (liberándola asi, en parte por lo menos, de la dependencia a los productos derivados del petróleo) por el intermedio del acceso a bienes y servicios y a credito en monedas internas. Para otros autores finalmente, representan uno de los elementos constitutivos de un encaminarse, en un futuro más o menos alejado, desde una era industrial a una sociedad del concoimiento.

 

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