Ni dólares, ni libras, ni yenes…Nace Cronobank, el banco de tiempo mundial

 

  • Acaba de nacer Cronobank, un banco del tiempo que permite conseguir, sin dinero y de forma solidaria, casi cualquier cosa a lo largo de todo el mundo
  • En apenas dos semanas más de 300 usuarios se han registrado ya en la página del proyecto
Ilustración de los Bancos del Tiempo (Raúl Arias)  –Foto: Raúl Arias

Javier acaba de terminar la carrera de informática en Madrid y ha decidido probar suerte en Dublín. Le han llamado para hacer una entrevista pero no tiene dinero para pagarse unos días en la ciudad. Sin embargo, ha hecho cálculos y va a poder acudir a la cita: tiene tres horas en su cartilla del tiempo.

El joven dio hace unas semanas tres clases particulares de matemáticas que le permitieron acumular ese crédito en su cuenta de Cronobank, el primer banco mundial del tiempo. Así, al llegar a Dublín, otro usuario con cuenta en la misma entidad va a buscarle al aeropuerto, el estudiante le paga con 30 minutos, lo mismo que tarda en llegar a la empresa para la entrevista y le da además, en dinero, lo gastado en gasolina.

La noche la pasa en casa de otro ‘cliente’ del mismo banco. Le paga con otra hora. Al día siguiente ha concertado una visita turística por la ciudad que le cuesta otros 60 minutos. Al finalizar, vuelve al aeropuerto donde gasta la última media hora de su cartilla.

“Éste es un ejemplo de cómo con Cronobank vamos más allá”, explica el profesor y psicólogo, Sergio García, uno de los fundadores del recién nacido banco. “Lo más importante es que hace accesible, por fin, una moneda social universal”.

La idea

Hace unos años García sufrió un accidente, estuvo a punto de perder un brazo. Cuando se lo dijeron, un sinfín de preguntas sobre su futuro le inundaron la cabeza y  se desmayó. “Al despertarme algo había cambiado en mí”, asegura. “Me dí cuenta de que lo que creía importante como la carrera al éxito, ganar mucho dinero (…) puede venirse abajo con mucha facilidad en cuestión de segundos”.

Abandonó su trabajo en una empresa y decidió dedicarse a la enseñanza. Afirma que en ese momento “era feliz”, sin embargo le faltaba algo: “quería compartir ese sentimiento con los demás”.

 

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