Otro mundo es posible

Otro mundo es posible

Lo que antes era una mera especulación teórica sobre los nefastos efectos del sistema económico, hoy es una realidad y una necesidad cada vez más creciente entre los ciudadanos; ejemplo de ello es que según una reciente encuesta en Alemania el 88% de los habitantes desea un nuevo orden económico, y en Austria, donde la calidad de vida es superior, esta cifra alcanza el 90% (Felber 2008). Autores como  Christian Felber preguntan entonces si ¿Existe algún precedente en la historia de la humanidad en el que 9 de cada 10 personas se pusieran de acuerdo en algo?

La mayoría de los encuestados consideran que el desarrollo del capitalismo en su fase neoliberal, ha generado unas relaciones socio-económicas marcadas por el beneficio exponencial y la maximización de las utilidades, incluso por encima de las necesidades o posibilidades socio-ambientales (la elección racional).

Esta dinámica ha hecho preguntarse a distintos actores políticos, sociales y culturales, ¿cómo  revertir esta fase de dominación del capitalismo, tan voraz con nuestras sociedades y naturaleza? La  respuesta que se ha ido generando, en diversos auditorios, es el nacimiento del concepto de economía solidaria y el resurgimiento del cooperativismo.

Este nuevo rumbo en el imaginario colectivo conduce a estructurar nuevas formas de organización social, que permitan fortalecer el rol protagónico de actores sociales, hasta ahora subalternos; la apuesta es pues, por una economía solidaria, descentralizada y cooperativa, el surgimiento de comunidades solidarias, que ejecuten buenas prácticas en gestión social y ambiental.

La concepción de economía solidaria es una alternativa que puede darse al interior del capitalismo  dominante, esta consiste en fundar las bases de un modo  de producción bajo otros principios: solidaridad, dignidad humana, sostenibilidad económica, justicia social y participación democrática y transparencia.

El economista brasilero Paul Singer, definió la economía solidaria “como un conjunto de actividades económicas de producción, consumo y crédito organizadas sobre la base de formas de autogestión, en donde la propiedad del capital es de carácter colectivo y la toma de decisiones es democrática en donde todos los miembros de la entidad productiva participan directamente” (SINGER, 2003) Bajo esta óptica todos los trabajadores son propietarios del negocio, ya que el capital es su propia capacidad transformación material, y todos trabajan para producir, desapareciendo la división capital-trabajo.

La concepción de economía popular y solidaria plantea que una nueva forma de organización económica de la sociedad debe estar dada por nuevas unidades productivas, que tengan como práctica cotidiana compartir el trabajo de producción, en términos autogestionarios y solidarios (RAZETO, 1993), términos entendidos como parte de un aprender haciendo: “… entonces aprenden unos de otros y, sobre todo, se refuerzan recíprocamente en sus motivaciones. Los que van construyendo economía de solidaridad, buscando superar su pobreza y marginación, se encuentran con quienes lo hacen buscando una sociedad más justa y fraterna” (RAZETO, 1999), lo que lleva a desarrollar la economía solidaria.

SINGER, P. “Economia solidária: um modo de produção e distribuição”. In: SINGER, P., SOUZA, A. (Org.). “A Economia solidária no Brasil; a autogestão como resposta ao desemprego”. Sao Paulo: Ed. Contexto, 2000.

RAZETO, L. “Los caminos de la economía de solidaridad”. Buenos Aires: Ediciones Lumen-Humanitas, 1997ª

______. “Factor C”, (Conferencia de Luis Razeto en la Escuela Cooperativa Rosario Arjona-  CECOSESOLA), Venezuela, 1997 b disponible en http://www.economiasolidaria.net. Acceso en marzo 2011.

______. “La economía de solidaridad: Concepto, realidad y proyecto ¿pueden juntarse la economía y la solidaridad?” Revista Persona y Sociedad, v. 13, nº 2, agosto, p. 97-110, 1997.