Telefonía comunitaria: del pueblo para el pueblo

Telefonía comunitaria: del pueblo para el pueblo

Las telecomunicaciones ya no son materia exclusiva de las grandes multinacionales. Ahora también pueden ser un asunto indígena y comunitario. Lo demuestra Rhizomatica, un proyecto que utiliza los móviles como herramienta de cambio social y que pretende llegar donde las grandes multinacionales consideran que no es ventajoso hacerlo. Los suburbios del delta del Níger (Nigeria) fueron su primer experimento. Una comunidad mazateca de Oaxaca (México) su primer éxito.

“Bienvenido a la red de telefonía comunitaria de Talea de Castro. Favor de marcar el número con el que desea comunicarse”. El mensaje puede parecer poca cosa en cualquier otro sitio pero en esta comunidad de la sierra mazateca de Oaxaca (sur de México), donde hasta hace seis meses tener un teléfono fijo era un lujo y disponer de un móvil era inútil, pues no había señal,  el mensaje es revolucionario, casi un milagro que muchos todavía no se creen.

“Antes no podíamos comunicarnos, había caseta pero había que esperar mucho y era caro, te cobraban hasta por recibir llamadas ¡5pesos!”, cuenta el  alcalde de Talea, Gabino Martínez. “Y aunque pedimos muchas veces a Telmex que viniera, pues nada….”.

Como recuerdan algunos de los vecinos, la respuesta era siempre la misma: que los mazatecos de Talea, igual que los habitantes de las otras 50.000 comunidades indígenas mexicanas donde no llega la telefonía móvil, “no son mercados potenciales”. Telmex y Telcel, ambas del hombre más rico del mundo Carlos Slim, controlan respectivamente el 80% de la telefonía fija y el 70% de la móvil de todo México. Movistar, de la española Telefónica,  poco más del 20% de la móvil. A ninguna de estas empresas le interesa Talea de Castro: No hay negocio, no hay servicio.

Pero ahora las cosas han cambiado. Este pueblo oxaqueño se ha convertido en el primer lugar de México –y hasta donde saben sus promotores, del mundo- en tener una red de telefonía autónoma, libre y gestionada íntegramente por la comunidad a precios muy bajos  y totalmente al margen de las grandes ‘telecos’ que operan en el país.

¿Cómo fue posible? Con un transmisor que opera en una banda libre, un cable, una antena hecha por el herrero de la localidad, un software libre y de código abierto, y tecnología VoIP ( la que convierte una conexión estándar a internet en una plataforma para hacer llamadas telefónicas). Así, las llamadas locales se hacen gracias a la señal que genera el transmisor y las de larga distancia, a otros lugares de México o a EEUU (donde gran parte de la población tiene familia emigrada) a través de internet.

La idea fue de  Rhizomatica, un proyecto ambicioso puesto en marcha por solo cuatro personas que, sin necesidad de tener una ingeniera en telecomunicaciones a sus espaldas, se han propuesto llevar poco a poco la telefonía móvil a los 2.700 millones de habitantes del planeta que no pueden acceder a ella porque no pueden permitírselo o porque nadie les da el servicio.

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“En el delta del Níger (Nigeria) hicimos el primer acercamiento”, explica el estadounidense Peter Bloom, uno de los creadores del proyecto.  Allí, en una zona de infraviviendas de Port Harcourt y con el apoyo de Amnistía Internacional, el Media for Justice Proyect Media for Justice Proyect, el Centro para el Desarrollo, los Derechos Humanos y el Medioambiente (CEHRD) y con una tecnología llamada ‘serval’ intentaron crear redes de comunicación para activistas con la idea de que los teléfonos celulares fueran herramientas para el cambio y el desarrollo social.

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