Teorema del Pan de Molde

Teorema del Pan de Molde

En una de sus inteligentes y mordaces canciones, el Sr. Chinarro aplica al amor el teorema del pan de molde: “los extremos se atraen cuando ya da lo mismo”. Yo lo haré al amasijo de economía y política que confunde a nuestra sociedad contemporánea.

El denominado “Estado del Bienestar” se inventó para terminar con la lucha de clases eliminando el presupuesto de hecho: el propio concepto de clase. Muerto el perro, se cura la rabia. Dejarían de existir burgueses porque solo habrá burgueses. Clase media. A diferencia del comunismo del otro lado del muro de Berlín que raseaba por abajo hasta reducir el consumo a menos de lo indispensable, el capitalismo occidental garantizaría un nivel de renta apto para fomentarlo vorazmente entre el mayor número de personas posible. Antes ciudadanos, ahora meros consumidores. De esta manera se consigue el efecto pan de molde: convertir en invisibles los extremos económicos de la sociedad. Los marginados se instalan en las periferias de las ciudades. Los ricos en los gimnasios y restaurantes mezclados con la gente corriente. La causa última de esta crisis la lleva Angelina Jolie tatuada en el hombro: “Quod me nutrit me destruit” (lo que me alimenta me destruye). Y por eso hemos llegado a esta metáfora inverosímil hace sólo unas décadas: los pobres están gordos y los ricos delgados. Hasta que la burbuja financiera nos estalló en la cara para desnudar las injusticias del sistema y dejar claro que los ricos lo seguirían siendo a costa especialmente de la clase media y de los pobres y desahuciados de cualquier parte del planeta.

El problema se evidenció cuando la ascensión artificial del nivel de riqueza normalizó una cuota insostenible de consumo. La mayoría de la población primermundista entendía como irrenunciable tener un coche, una casa, un móvil o una televisión. Pero ya no hay pan para todos y las rebanadas intermedias desaparecen por la voracidad del sistema neoliberal. La clase media soporta un nivel de inflación oculto cercano al veinticinco por ciento, equivalente a lo que han subido los alimentos y otros productos básicos. El IPC es una estafa porque calcula el crecimiento de los precios tomando la media aritmética entre un tomate y el caviar, la gasolina y un billete de avión. Por eso notamos que el sueldo (de quien lo tenga) no llega a fin de mes, mientras la banca que desahucia a medio millón de familias al año anuncia que ha crecido más del diez por ciento. Lo que demuestra que la crisis no era financiera, sino hipócrita. El mismo euro que nos hizo dioses, nos convierte en miserables.

La desaparición de estos espacios sociales intermedios también afecta al ámbito político. Se acercan los extremos del pan de molde. Los que todo el mundo tiraba a la basura. Las fuerzas tradicionales intentan a toda prisa restaurar la clase media por instinto de supervivencia. La “zapaterización” de Hollande es una muestra más de cómo el sistema se resiste a morir y consolida el neoliberalismo disfrazado de socialismo, con la única intención de salvar al mayor número de clase media posible aunque eso les cueste soportar el aumento de los extremos, especialmente de la ultraderecha racista y xenófoba. Para frenar este peligroso crecimiento del fascismo, se promueve desde las cúpulas económicas y políticas europeas una “emigración de sustitución” para que españoles, irlandeses, portugueses, italianos y griegos ocupen los puestos de trabajo que desempeñaban subsaharianos, turcos y musulmanes de distinta procedencia. Sólo en Andalucía, más de 8.000 personas se han dado de baja administrativa en el padrón, la mayoría de alta cualificación profesional, para buscar empleo de inferior categoría y dejar más vacío aún en las rebanadas intermedias del pan de molde.

Estoy convencido que la traducción social y política de este proceso perverso de emprobrecimiento será el de alzar la voz de los sin voz. Ya está ocurriendo. Los fenómenos de autogestión ambiental y social, desde los grupos de autoconsumo a las corralas, son un ejemplo de actuación al margen de la institucionalidad. Todo ello terminará en una reivindicación de la política directa y participativa que ocupará el centro del pan de molde para representar a quienes no se sienten representados. Esa es mi esperanza.

Fotografía de cabecera de http://noticias.lainformacion.com/