Un empresario español relata los abusos laborales en las fábricas de Camboya, el mundo

 

Camboya, los esclavos de la moda MIGUEL ROMERO

 

 

Los abusos laborales y la explotación más despiadada son un secreto a voces que mancha la ropa manufacturada en las fábricas textiles de algunos países de Asia, entre los que Camboya ocupa un lugar destacado. Las grandes marcas textiles niegan las evidencias. Y las puertas de las fábricas resultan infranqueables.

 

Sin embargo un empresario español, propietario y gerente de Iberasia –una de las principales fábricas extranjeras de ropa establecidas en Camboya– nos franqueó la entrada en sus talleres, permitió que hablásemos libremente con sus operarios, y nos facilitó cuantos datos le pedimos sobre horarios laborales y salarios en el sector textil.

 

Sueldo de 100 dólares mensuales

 

Vicente Laborda, que manufactura para algunas de las principales marcas españolas e internacionales, reconoce que se estableció en Camboya ‘como todos los demás, atraído por el bajo coste salarial.’

 

‘En el sector textil se paga un sueldo mínimo de unos 100 dólares mensuales, a los que se añaden pluses de puntualidad, transporte y comida, que lo elevan a unos 130 dólares’, explica. ‘Pero poca gente gana 130 dólares porque hacen muchas horas extras. Y casi te las exigen. Trabajan diez horas diarias cinco días a la semana y el sábado, ocho. Con eso aquí salen por unos 150 a 160 dólares mensuales.’

“Negocian los precios de forma abusiva”

Laborda se queja de que las grandes firmas exigen contratos durísimos. ‘Imponen auditorias con condiciones laborales que ellas mismas no llegan a cumplir en sus países’, denuncia, ‘pero es lo único que les importa, tener el documento firmado. Y negocian los precios de forma abusiva, marcando beneficios del 500 por 100’

‘En las fábricas legales resulta muy difícil no cumplir la normativa’, prosigue; ‘pero hay muchos picos de producción que se cubren con subcontratas, con talleres que no están registrados. Y ahí se produce un abuso de salarios, de contratación de menores y de todo… Una vez que contratamos una producción externa y nos llegó en malas condiciones, pedí que vinieran los operarios aquí para hacer arreglos. Si vinieron doce personas, había ocho que no tenían ni catorce años. Y las mandaron a las seis o las siete de la tarde, después de haber hecho una jornada entera en su taller, para que hicieran otra aquí.’

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